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Aire Libre
Un interesante análisis de la "Unión de Uniones" sobre la futura PAC

    


EL Coordinador Estatal de la "Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos", Asociación Agraria con amplia implantación en Castilla-León, ha publicado un artículo titulado "España, responsable de su propia PAC", que merece la pena leer con detenimiento porque, aunque en principio no lo parezca contiene, en sus diagnósticos y forma de enfocar el problema agrario, muchas de las claves que nuestro país debería exigir de la UE ante la nueva PAC que se nos avecina.

Dice en su exposición, contexto con el que estamos absolutamente de acuerdo ya que así lo venimos señalando desde hace tiempo, que:
“Con la futura Política Agraria Común (PAC) se va a acabar la excusa preferida de nuestros ministros y consejeros de agricultura ante las reivindicaciones del campo: “Bruselas no nos deja”.
La nueva e inteligente propuesta de la Comisión Europea para reformar esta política comunitaria se sustenta sobre el principio de “sírvase usted mismo”.
La idea es que, dentro de un marco amplio, cada país elabore su propio Plan Estratégico para abordar objetivos comunes como mejorar las rentas agrarias o favorecer una agricultura sostenible, pero haciéndolo desde su propio diagnóstico y poniendo el acento en aquellas medidas que considere más convenientes para conseguirlos.
Una vez presentados y aprobados esos planes, cómodamente, los funcionarios de la Comisión se limitarán a comprobar su avance y validar su cumplimiento, o en caso contrario, propondrán que le sean presentadas correcciones para la consecución de sus objetivos marcados.
Ventajas e inconvenientes del nuevo sistema
Es muy probable que acabemos con 28 (o 27) maneras de entender la PAC - tantas como Estados miembro haya en la UE -, lo que va a conducir a una política, en teoría, más adaptada a cada territorio, pero cada vez menos Común. Con ello se dará lugar, con mucha mayor medida que en el momento actual, a que tanto la actividad agraria como la figura de agricultor o ganadero se asocie a actividades y personas con muy diferente vinculación al territorio, lo que podría traer complicaciones y competencia desleal entre los profesionales agrarios europeos.
Como importante ventaja cabe destacar que podremos decidir a nivel estatal, dentro de un orden, las medidas que consideremos más adecuadas para mejorar la renta de nuestros agricultores y ganaderos, mejorar el funcionamiento de la Cadena Alimentaria, rejuvenecer el sector o implementar medidas más medioambientales en favor del clima, así como incorporar políticas de género que favorezcan la incorporación de la mujer al medio rural y a los puestos de dirección de cooperativas y empresas agrarias.
Definir modelos y presupuesto
Con la llegada del nuevo gobierno deberá impulsarse y concretarse de forma definitoria el Plan Estratégico de la PAC para España.
Hay que pasar ya de “las musas al teatro” y definir de verdad asuntos clave como el presupuesto que está dispuesto a aportar nuestro país, el modelo de agricultura y ganadería que se va a defender o que se va a entender como agricultor genuino.
Desde el campo agradeceríamos dejar de oír generalidades y algo menos de autobombo injustificado de nuestros políticos sobre la defensa de una “PAC Fuerte y sin más obligaciones”, cuando lo que real o electoralmente quieren decir a los perceptores actuales agricultores es “tranquilos, que todos recibiréis más dinero de Bruselas para vuestro bolsillo”, cuando saben que eso, en realidad, no será en ningún caso posible.
Quizá no este de más puntualizar en este sentido que, si bien el marco financiero plurianual no está aún aprobado por los jefes de estado y de gobierno, se pretende poner en marcha un plan de transición partiendo de un gasto previsible en 2021 inferior respecto al previsto para 2020.
Concretamente, se contempla una reducción del 15% en los fondos de desarrollo rural y un 4% en la partida de los pagos directos. Sin duda, esto es un mal principio para la nueva PAC.
Estar dispuesto a aportar más como país al presupuesto europeo contribuiría a una PAC más fuerte y facilitaría mayores retornos de recursos hacia el estado español, pero no necesariamente los garantiza. En este horizonte de recorte presupuestario es entendible que muchos países del Este europeo, incorporados más tarde a la UE y con unas ayudas por agricultor y por hectárea muy inferiores a la media, reclamen un mayor reequilibrio de los presupuestos procedentes de países como Francia o España, principales beneficiarios de la PAC.
En este sentido, los indicadores fijados por Bruselas para valorar los avances relativos a mejorar las rentas de los agricultores – principal justificación para conceder ayudas por parte de Europa - tienen fundamentalmente en cuenta los datos macroeconómicos de la denominada renta agraria que cada uno de los países viene comunicando a los servicios estadísticos europeos.
Creo que fue Winston Churchill quien dijo una vez que en la vida “existen las verdades, las mentiras y las estadísticas”.  Me temo que el excesivo triunfalismo y la contabilidad creativa de la que viene haciendo gala nuestro amado Ministerio, situándonos a la cabeza de la renta agraria europea para uso y disfrute de los distintos ministros en ruedas de prensa y campañas electorales, puede pasarnos una importante factura.

La reflexión es obvia: si estamos tan bien como dicen esas cifras ¿para qué necesitamos tanto presupuesto?
A diferencia de las siempre positivas cifras del Ministerio de agricultura, la Agencia Tributaria, que sabe lo que ganamos cada uno -y cuando no se lo cree nos investiga-, es tozuda en decirnos que los ciudadanos que viven solo o fundamentalmente de la agricultura y la ganadería obtienen ingresos que están en un 30% por debajo de la media del país. Sin embargo, este no es el dato que se usa de partida en esos indicadores propuestos por la Comisión. Esperemos al menos que si lo sean en la propuesta de nuestro país (de lo contrario, mal vamos). Por cierto, difícilmente se podría culpar a la Comisión Europea porque se crea los datos macroeconómicos que el estado español le ha venido proporcionando en relación con la Renta Agraria.”
Es exactamente lo que venimos predicando desde hace tiempo. Recordemos que siempre hemos exigido que, con la futura Política Agraria Común (PAC), se evitasen las excusas de nuestros gobernantes agrarios, escondidos siempre tras la cantinela de “Bruselas no nos deja”. Que la PAC se adaptase, huyendo de absurdas globalizaciones, a las necesidades de cada país miembro de la UE. Que cada país elaborase su propio Plan Estratégico para abordar objetivos comunes, pero haciéndolo desde su propio diagnóstico y poniendo el acento en aquellas medidas que considere más conveniente para cubrir sus propias necesidades. Que la Comisión se limite a comprobar lo ejecutado y a validar o no su cumplimiento… …Y al parecer todo ello está en la mente de los reformadores europeos.
 
Por supuesto que, esta nueva forma de ver las cosas, necesita muchísima más dedicación y sobre todo más conocimiento de nuestros agraristas y que. como se afirma desde la Unión de Uniones, hora es ya de pasar “de “las musas al teatro” y definir de verdad los asuntos clave, como el presupuesto que está dispuesto a aportar nuestro país, el modelo de agricultura y ganadería que se va a defender o que se va a entender como agricultor genuino”.
Sin duda alguna el campo agradecería dejar de oír, al Planas de turno, generalidades y algo menos de autobombo injustificado en su decir y discurrir sobre la defensa de una “PAC fuerte y sin más obligaciones”, cuando lo que real o electoralmente quieren decir a los perceptores actuales agricultores es “tranquilos, que todos recibiréis más dinero de Bruselas para vuestro bolsillo”, cuando saben que eso, en realidad, no será en ningún caso posible”. Hay que partir de que hoy ya se contempla una reducción del 15% en los fondos de desarrollo rural y un 4% en la partida de los pagos directos.
Hay que olvidarse del excesivo triunfalismo y de la contabilidad creativa de nuestro Ministerio, que nos sigue situando a la cabeza de la renta agraria europea para su uso y disfrute, en ruedas de prensa y campañas electorales, porque si tan bien estamos ¿para qué necesitamos ningún cambio?
Recordemos que, “la Agencia Tributaria es tozuda en decirnos que los ciudadanos que viven solo o fundamentalmente de la agricultura y la ganadería obtienen ingresos que están en un 30% por debajo de la media del país”.
Pero tras insistir en la gran correlación existente entre lo manifestado por la Unión de Uniones y nuestras posiciones sus proposiciones son, como cabía esperar absolutamente contrarias a nuestras propuestas.
La Unión de Uniones sigue socializando, con sus paradigmas, al sector, mientras nosotros queremos una vez más liberalizarle. No queremos ninguna imposición y menos la cuasi permanente presencia estatal que se nos propone, con la excusa de que, “a nuestro juicio es preciso hablar mucho más de quién recibe los recursos, por qué lo hace y cómo se reparten éstos entre los beneficiarios. ¿Seguirán cobrando las ayudas en España 200.000 agricultores de sofá o personas cuya actividad agraria e ingresos de la misma son inexistentes o poco relevantes o se concentrarán básicamente en los profesionales como pide la Unión de Uniones? ¿Habrá un reparto más justo entre los distintos cultivos y producciones y, sobre todo, a las personas con menores rentas? ¿Apoyaremos con recursos suficientes las producciones extensivas por su importante labor medioambiental o seguirán financiándose con dinero públicos sistemas intensivos de regadío que podrían firmar la sentencia de muerte de la agricultura más medioambiental?

Como admitir que sigan aspirando a, “definir en el caso de la cadena alimentaria qué se entiende por posición de dominio dentro de la cadena porque de no hacerlo en el periodo de la futura PAC la industria y la distribución, cada vez en menos manos y más poderosas, seguirán apretando las tuercas a los productores para que las ayudas acaben en los bolsillos de los accionistas de grandes grupos empresariales, como ya ocurre en buena medida ahora”. ¡No les suena un poco rarito el razonamiento!, ¿no huelen una vez más, tras estas manifestaciones, una clara alusión y un ataque directo a la libertad de establecimiento empresarial en nuestro sector.?
Es preciso, nos dicen también y con ello terminan sus análisis, “defender un presupuesto justo para la España rural en el marco de las negociaciones europeas – el presupuesto PAC estatal supera los 6.000 M€, lo que se traduce en casi un millón de euros para cada pueblo, lo que tiene una importancia indudable -, así como defender unos precios justos para nuestros agricultores que les permitan seguir contribuyendo al desarrollo socioeconómico y medioambiental del medio rural”.
De nuevo hablamos de un presupuesto “justo” para los pueblos y de unos precios “justos” para las producciones, sabiendo porque así lo creemos de la imposibilidad de justicia en precios y presupuestos, porque al margen de ser un contrasentido total, existen tantos precios “justos como productores hay.
Terminemos señalando nuestra coincidencia sobre la realidad y la problemática del sector agrario actual, pero remarquemos al mismo tiempo nuestra total divergencia sobre las soluciones de sus problemas. Nuestra posición siempre será contraria a cualquier avance hacia la socialización de nuestro sector al que queremos siempre libre y competitivo.
“No se puede ayudar a los pobres destruyendo a los ricos, ni se puede ayudar a las personas haciendo por ellos lo que ellos pueden y deben hacer por sí mismos”… ...( Abrahan Lincoln).
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